Desafiamos el frío y mereció la pena.

Si las calles tienen que ser siempre nuestras, ¡llenémoslas de literatura! Y, con esta premisa, y a pesar de todas las predicciones metereológicas adversas, decidimos plantar una cincuentena de sillas en la calle (gentileza del Ayuntamiento de Sant Just), sacar los dos sofás verdes (por primera vez en la historia de la librería!) y preparar el equipo de sonido comme il faut. La ocasión lo valía: Pilar Senpau había preparado una presentación de las memorias de infancia de Joan Margarit, de manera que planteaba algunos de sus temas y momentos de libro relacionándolos con poemas suyos. Y, claro está, animaba a Joan a leerlos y a explicar la diferencia entre la expresión en prosa y en verso de un mismo recuerdo o vivencia.

El resultado, podéis imaginároslo: un estallido de poesía en la calle, de sabiduría de vida y de generosidad expositiva que los sanjustenses tomaron (abrigados) con la admiración que siempre han tenido por uno de sus vecinos más ilustres. Sentir a Joan declamar sus versos como preludio de las Festes de Tardor es un privilegio que no muchos pueblos tienen al alcance. Y cerrar el acto con “La libertad” y que Cal Llibreter sea el telón de fondo, un recuerdo de los que no se borran, pase el tiempo que pase.
Es la razón de nuestra vida,
dijimos, estudiantes soñadores.
La razón de los viejos, matizamos ahora,
su única y escéptica esperanza.
La libertad es un extraño viaje.
Son las plazas de toros con las sillas
sobre la arena en las primeras elecciones.
Es el peligro que, de madrugada,
nos acecha en el metro,
son los periódicos al fin de la jornada.
La libertad es hacer el amor en los parques.
Es el alba de un día de huelga general.
Es morir libre. Son las guerras médicas.
Las palabras República y Civil.
Un rey saliendo en tren hacia el exilio.
                                          La libertad es una librería.
Ir indocumentado.
Las canciones prohibidas.
Una forma de amor, la libertad.

Y, para pasar el frío, nada mejor que la mistela que el Celler de Can Mata sirvió como colofón, para sumarse a la fiesta de la literatura y la memoria, recordando a los presentes que ya son 20 años de servir y recomendar buenos vinos en Sant Just. ¡Larga vida!